El sol y la pielPrevención en verano

Al inicio de la temporada de verano es muy común la consulta relacionada con la prevención de los daños resultantes de la exposición solar. Es bueno entonces reafirmar conceptos relativos a este tema, tendientes a disfrutar del aire libre sin riesgos para nuestro organismo.

En el consultorio es frecuente la pregunta “Cómo me cuido la piel”. Comenzamos por el factor de protección solar y notamos la desconexión de nuestros pacientes. ¡Se viene el enemigo! algunos se animan a preguntar si con 8 o 15 están cubiertos, cuando deben contar con FPS 20 o más según el tipo de piel.

En la actividad cotidiana recibimos radiaciones UV de origen artificial, monitores, luz fluorescente y halógena, luz negra soldaduras al arco, así como las que proporcionan solarium o salas de bronceado.

El sol produce radiaciones conocidas como UVA y UVB. Las mismas son las responsables del bronceado veraniego, aunque los dermatólogos debemos transmitirles a nuestros pacientes que este último no es un estado fisiológico de la piel, sino todo lo contrario. Es un mecanismo de DEFENSA ante las posteriores exposiciones solares. Es decir, no existe una forma de broncearse segura y sin riesgos. El bronceado es un intento de protección de la piel ante la agresión de las radiaciones solares.

La radiación UV tiene numerosos efectos, directos e indirectos sobre la piel. Se estima que aproximadamente un 50 % del daño solar se debe a la formación de radicales libres, mientras que la agresión directa a las estructuras nucleares de las células y otros mecanismos no dilucidados, serían responsables del otro 50 %.

La radiación UV es responsable del 90 % de todos los cánceres cutáneos al dañar el ADN celular.

Los efectos agudos de las radiaciones UV son:

  • Inflamación o quemaduras solares (eritema o enrojecimiento).
  • Pigmentación o bronceado: mecanismo de protección o fotoinjuria secundario a la redistribución celular de melanina.
  • Cambios en el sistema inmunológico.
  • Oftalmológicos: foto conjuntivitis, queratitis.

Los efectos tardíos de las radiaciones UV son:

  • Fotoenvejecimiento: se caracteriza por presentar arrugas finas y confluentes, alteraciones de la pigmentación, resequedad, pérdida del tono, coloración amarillenta, lentigos (o manchas de la edad), efélides.
  • Lesiones malignas y premalignas: melanoma maligno, tumores no melanomas, queratosis actínicas.
  • Oftalmológicas: cataratas, ceguera.
  • El daño solar es acumulativo y se sabe que el 50 % de él ocurre antes de los 18 años de edad según estudios de la Academia Americana de Dermatología (AAD).

Cómo protegernos del sol

FOTOPROTECCION ORGANICA (antes denominados químicos)

Pantallas solares: una buena protección deberá contar con FPS mayor a 20 dependiendo del tipo de piel. Recordar que deberá ser aplicado media hora antes de la exposición solar y renovarlo cada dos horas.

FOTOPROTECCION INORGANICA (denominados físicos)

Gorros, lentes, ropa de color blanca, sombrillas, etc.
Se ha demostrado que la administración de vitamina E y vitamina C, extracto de té verde e isoflavonas de soya, etc. son de utilidad como antioxidantes.

Se ha demostrado que el uso de filtro solar efectivo disminuye la aparición de lesiones solares nuevas y es capaz de atenuar las ya existentes, por lo que tiene un importante rol en la prevención del cáncer de piel.

Recordar que piel bronceada es piel dañada.

Dra. Silvina Grazioso. Dermatóloga.


Prevención: Golpe de Calor

El golpe de calor afecta a personas de cualquier edad, especialmente ancianos y niños, por lo que se debe prestar suma atención en la hidratación y nutrición. Ante las altas temperaturas que se registran en verano, es posible evitar las consecuencias provocadas por el intenso calor.

Síntomas:

  • Dolor de cabeza.
  • Náuseas.
  • Temperatura corporal elevada.
  • Confusión.
  • Pérdida de conciencia.
  • Respiración y pulso débil.
  • Piel enrojecida, caliente y seca.

Población con mayor riesgo:

  • Menores de 5 años. Más aún menores de 1 año.
  • Adultos mayores.
  • Quienes padecen enfermedades crónicas, cardíacas, renales, mentales o neurológicas.
  • Niños con fiebre por otra causa o diarrea.
  • Niños obesos o desnutridos.
  • Quienes tienen la piel quemada por el sol.

Fuente: www.rosario.gov.ar